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Es posible
pensar que traducir una película sea mucho más fácil
que un texto científico o un informe técnico y también
que la preparación de los subtítulos sea aún más
fácil, puesto que es necesario cortar mucho el dialogo. Cuanto menos corta el subtitulador, más se ralentiza el dialogo y la traducción puede ser más literal; pero una traducción adecuada en su globalidad es más importante que la de cada uno de los subtítulos. Los aspectos que hay que tener en cuenta dependen del director, del género y, por supuesto, del subtitulador. La cantidad de caracteres y la división de los bloques tienen una importancia fundamental. Un lector medianamente culto emplea tres segundos para leer una línea completa y cinco segundos para leer dos. Sin el tiempo para leer y quedarse relajado, el espectador odiará los subtítulos y no logrará valorar la película. El sincronismo es también muy importante: el espectador necesita poder prever el momento en que el subtítulo está a punto de aparecer para poder adaptarse a una velocidad de lectura constante y es importante que no tenga demasiado que leer; de lo contrario no lograría asimilar las palabras y disfrutar las imágenes. Por otra parte, la velocidad constante puede a veces estar en contraste con la dinámica de la historia representada. Por eso el subtítulo tiene que respetar lo más posible el ritmo de la película. En conclusión, la preparación de los subtítulos es un procedimiento extremadamente complejo, que se aprende sólo durante años de experiencia. No es posible meterse a subtitulador.
Unos subtítulos traducidos demasiado literalmente o libremente,
o aun peor, mal adaptados, pueden producir un efecto absolutamente negativo
sobre la fruición de la película.
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