Parafraseando y sintetizando un comentario iluminante de Giuseppe Bertolucci (de “Voces en la tormenta”, Reflexiones sobre el doblaje, Reseña La voce degli altri, Cinema Lumiere, Cineteca di Bologna, febrero 2002), nos atenemos a señalar lo siguiente.

Una película es un texto audiovisual basado en una relación imprescindible entre lo sonoro y la imagen. Lo sonoro, a su vez, se estructura tradicionalmente en tres parámetros principales: dos de ellos (ruidos y música) están universalmente compartidos, mientras que el tercero (diálogo) incluye un elemento no universal pero históricamente establecido y circunscrito, es decir el idioma.

De eso deriva un problema de comprensibilidad que se ha intentado solucionar, hasta ahora, de tres maneras parciales e insatisfactorias:

1) subtitulación

La solución de la subtitulación mantiene la integridad audiovisual original, pero añadiendo un elemento de molestia en la percepción de la imagen, es decir introduciendo la lengua escrita y obligando al espectador a hacer una descodificación doble (audiovisual y lingüística, mientras que el proyecto sólo prevé una de ellas, es decir la audiovisual).

2) traducción simultanea

La solución de la traducción simultanea introduce una voz ajena homologante, obligando al espectador a establecer una relación con un tercer protagonista, una especie de narrador imprevisto, casual e indeseado, si bien una utilización prevenida permite al usuario mantener cierto contacto con la integridad audiovisual de la original.

3) doblaje

La solución del doblaje destruye irremediablemente la integridad audiovisual de la película original, pero permite al espectador – a través de una simulación – una percepción e identificación completas.

En los tres casos descritos se dan soluciones parciales e insatisfactorias, frente a las cuales la única alternativa posible sería utópica, es decir que todos los espectadores del mundo conocieran todos los idiomas del mundo o bien que en el mundo se hablara un solo idioma.

Las dos soluciones más utilizadas (subtitulación y doblaje) han tenido destinos diferentes en cada país, debido a distintas condiciones comerciales, políticas y culturales, hasta llegar a la formación de dos distintas corrientes de pensamiento.